Categoría: Artículos

A propósito de la unidad espiritual de Europa

¿Existió en verdad, en Europa, en los siglos medievales, en aquellas sociedades en que indudablemente continuaban vigentes importantes restos de barbarie que afeaba incluso a la religión misma, una cohesión espiritual, una identidad de ideales?
La trascendencia y actualidad de este problema consiste principalmente en esto: Al negar que ni en la Edad Media ni en ninguna época haya existido en Europa la unidad espiritual, se pretende, en el fondo, presentar como utópica aquella ordenación cristiana de la sociedad, que, según enseñanza constante, y ésta sí explícita y directa, de los Papas, es para el mundo la única garantía de la paz.

Descristianización y europeización

La tesis: España pertenece a Europa se repite en los últimos años con insistencia, como consigna ins­piradora de actitudes políticas, culturales e incluso “pastorales”. No parece que sea una afirmación “sin problema”. Sin embargo, si quienes combaten la tradición católica de su pueblo imponiendo, con abuso sacrílego, sus consignas de pluralismo y de secularización, in­tentan así también “europeizarnos”, hay que reco­nocer que esto probaría que lo que entienden por Europa los europeístas es algo a que España no con­viene que pertenezca.
Tal vez porque “Europa” es un término expresivo de los ideales que orientan la decadencia y el hundi­miento de la histórica Cristiandad occidental.

José, con Jesús y María, glorificado en cuerpo y alma

El aspecto que se refiere en este artículo es el de la afirmación de que José, en razón de su íntima unión a Jesucristo y a su Madre Virgen, y a su fiel servicio a la obra redentora, fue glorificado por Dios mediante la resurrección corporal para vida inmortal, siendo José uno de aquellos santos aludidos en el Evangelio de San Mateo (27, 52-53).

La pelotita del Niño Jesús

Es conocida la frase de Santa Teresita del Niño Jesús en la que expresa su deseo, su anhelo diríamos, de ser tratada por Jesús al modo como un niño trata a su pelotita. Es decir, estar disponible para ser llevada de acá para allá, de modo que Jesús pudiera complacerse en su total disponibilidad. […] José representa el modelo perfecto de lo que quería ser Santa Teresita, esto es, como una «pelotita», alguien puesto del todo en las manos de Dios y abandonado a su cuidado providente.

María, Madre de Dios

En pocos momentos de la historia de la Iglesia ha acompañado a la afirmación de la fe y a su definición frente al error herético por los obispos de la Iglesia, el gozo exultante y la alegría manifiesta del pueblo fiel como en el momento en que el concilio de Éfeso en el año 431 proclamaba a María Madre de Dios rechazando la doctrina de Nestorio…

La esperanza cristiana en la liturgia de Adviento

La liturgia del Adviento aparece internamente relacionada con otra dimensión fundamental de la fe y de la esperanza cristiana: la que profesamos en el Credo al decir: «Y de nuevo vendrá con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos. Y su Reino no tendrá fin».
El «advenimiento» de Cristo no es sólo el primer advenimiento, en humildad y ocultamiento de su divinidad, para compartir nuestra pequeñez humana, dar ejemplo de anonadamiento, y consumar nuestra Redención por el sufrimiento y la muerte, sino también el segundo advenimiento, glorioso, para juzgar como Rey al Universo.

El principio de conveniencia en el núcleo de la metafísica de Ramón Llull

Llull merecería ser situado en el centro de la historia del argumento que expresó san Anselmo en el Proslogion, que tantas veces ha sido transpuesto e interpretado como si coincidiese con el argumento cartesiano que refutó Kant. […]
La prueba contiene más que la célebre frase “Si Dios no existe todo está permitido”, y contradice y desborda el “antiteísmo” del existencialismo ateo en su pretensión de humanismo radical. La inconveniencia de la negación de Dios se muestra en que de ella no se seguiría la omnímoda permisividad, ni la creatividad humana de los valores, sino el carácter imperativo del mal.

Sobre el sentido de la revolución copernicana

El modo en que se reveló a Kant la trascendentalidad del sujeto cognoscente, muestra que el pensamiento kantiano se mueve, como en algo obvio, en la convicción de que el legítimo punto de partida de la crítica del conocimiento ha de ser hallado en el ámbito de los contenidos objetivos de conciencia, puestos en el yo pensante por la actividad del entendimiento, considerado como facultad de juzgar…

Encuentro con estudiantes (2) Dos textos de Carlos Marx

El antiteísmo marxista no puede ser comprendido sino desde el mensaje de san Pablo en su epístola a los Tesalonicenses: el hombre empecatado se rebela «contra todo lo que se llama Dios o recibe culto». Contra la fe verdadera en Dios y contra cualquier tipo de religiosidad y aun de idolatría. Su mismo «antifascismo» se dirige no contra los errores estatistas, de inspiración también hegeliana, sino contra cualquier afirmación de un principio unitario y absoluto más allá del hombre.

San José, Patriarca del Pueblo de Dios

La intimidad y humanidad de la relación del Patriarca José con Jesús nacido por el Espíritu Santo, de la que es suya por el matrimonio, no queda derogada por la trascendencia del designio divino. La fecunda virginidad de su Esposa es bien de María pero también es bien de José. La parte que tiene José en la virginidad de María hace que haya que atribuir a José, heredero en plenitud de la fe de los antiguos Patriarcas, el fruto nacido de la promesa y del don del Espíritu Santo. Por esta razón, afirma Bossuet, es Jesús hijo de José.

El carisma de Teresa de Lisieux

En su mensaje de infancia espiritual es central la afirmación de que «es la confianza y sólo la confianza la que debe llevarnos hasta el amor» como escribe a su hermana María del Sagrado Corazón a la que dice: «si no me comprendéis es porque sois un alma demasiado grande». Es sumamente importante la afirmación suya de que no es por haber sido preservada del pecado por lo que siente confianza, puesto que confiaría aunque estuviera cargada de pecados; y cita un pasaje de la vida de los Padres del desierto, que fue lo que ya no pudo escribir con su lápiz, porque se le aceleraba la debilidad que le llevó a la muerte.
Esta inocencia, absolutamente humilde y agradecida a la misericordia de Dios, recuerda a María. Santa Teresita cita precisamente las palabras del Magnificat al decirle a la priora María de Gonzaga: «soy ahora demasiado pequeña para tener vanidad, y también soy demasiado pequeña para saber construir bellas frases dirigidas a hacer creer que es mucha mi humildad; prefiero convenir con sencillez que “el Todopoderoso ha obrado en mí grandes cosas”; y la mayor es haberme mostrado mi pequeñez, mi impotencia para todo bien».

Mis recuerdos del padre Orlandis

A los cuarenta años de su muerte la publicación por la revista Cristiandad de un número en homenaje a su memoria me mueve, y podría decir que me compromete, a expresar algunos recuerdos de sus palabras y de sus actitudes de padre en el espíritu y de maestro de sabiduría humana y cristiana, que quedaron impresas, entrañadas en lo más íntimo de mi vida, a lo largo de los catorce años, desde 1944 hasta su muerte en 1958, en que tuve la dicha de un trato frecuente, casi cotidiano con él.