Cristianismo y revolución

Los orígenes románticos del cristianismo de izquierdas

Francisco Canals Vidal
Barcelona, 1957
Acervo, 212 páginas

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Refiere el presente trabajo la historia de las ideas que siguieron inmediatamente a la Revolución Francesa, con algunas figuras intelectuales de primera magnitud. Destaca que lo que, se inicia como en defensa de la Iglesia y de los intereses espirituales de los católicos, se desvía luego hasta llegar a oponerse a la Doctrina de la Iglesia y da origen a una sucesión de errores que han merecido reiteradas condenas del Magisterio eclesiástico, y cuyos nocivos efectos perduran todavía decisivamente en la sociedad cristiana actual.

Aduce Canals una cita de monseñor Dupanloup en 1831, relativa a la culminación de las doctrinas de Lammenais: “El clero joven es terriblemente accesible a estas doctrinas de cisma, orgullo y libertad desenfrenada” (pág. 161). Esta tendencia es una constante en el hombre, se trate de clérigo o laico, y explica muchas de las desviaciones que se han producido. Las pasiones enturbian el corazón del hombre y le impiden ver con claridad. Se produce así un desbordamiento apoteósico del propio “yo” con la consiguiente exaltación que se ha dado de un modo particular en el llamado Romanticismo. Canals, al analizar esa encrucijada histórica comenta:

“… sería olvidar y desconocer por completo la misma complejidad del hecho, el negarse a comprender lo que tuvo -aún en medio de unas circunstancias de crisis-, de esfuerzo positivo revelador de posibilidades e iluminador de enteras vertientes de la vida humana, de valor permanente y profundam,ente auténticas” y se refiere al “sentido misterioso en el que el Romanticismo posibilitó, a la vez que movimientos espirituales fecundos que están en el origen del movimiento católico moderno, también aquella profunda desviación, hacia un progresismo terreno y mundano que no ha dejado desde entonces de presentarse como la tentación permanente y el espejismo desorientador de los ideales de actuación de los católicos” (págs. 137-138).

El autor se ha hecho eco de las tesis que ven en el Romanticismo algo fundamentado en la creencia en la bondad natural del hombre y en la correlativa negación del pecado original y la necesidad de una Redención trascendente y sobrenatural.

Algunas de las reflexiones de Canals en este trabajo de hace treinta años, cuando emite juicio sobre lo sucedido ciento cincuenta años atrás, resultan de tal actualidad que podrían servir para calificar las más recientes desviaciones. La gran actualidad del libro de Canals es que, con una anticipación de varios decenios, nos trae el recuerdo de personas, trayectorias y principios cuyas raíces y comportamientos han venido reiterándose, “como espejismo desorientador de los ideales de actuación de los católicos”. Que ese recuerdo nos ayude a corregir lo errado, buscando en el Magisterio Pontificio luz y firmeza para contrarrestar la “misteriosa y pavorosa” influencia del Demonio, que, como decía Pablo VI,

“es el enemigo número uno, es el tentador por excelencia. Sabemos que este ser oscuro y perturbador existe realmente y sigue actuando -dice-, es el que insidia sofísticamente el equilibrio moral del hombre, el pérfido encantador que sabe insinuarse en nosotros por medio de los sentidos, de la fantasía, de la concupiscencia, de la lógica utópica, o de las confusas relaciones sociales, para introducir en nosotros la desviación” (Pablo VI, Alocución de 15 del noviembre de 1972)

Francisco de Gomis, Prólogo a la segunda edición, (Madrid, 1986)